El 8 de marzo marcó el inicio del Horario de Verano (DST) en los Estados Unidos. A las 2:00 a.m., adelantamos los relojes una hora hasta las 3:00 a.m., perdiendo así una hora de la noche. Withings realizó un estudio para analizar el efecto de este adelanto de primavera en los patrones de sueño de las personas.
A partir de los datos podemos ver que las personas se acuestan a la misma hora que de costumbre. Por tanto, cabría esperar que las personas durmieran una hora menos de lo que dormirían en una noche de sábado normal. En realidad, observamos que las personas se despiertan aproximadamente 30 minutos más tarde a la mañana siguiente, en comparación con un domingo normal. Debido a este cambio en la hora de despertar, las personas solo pierden 30 minutos de sueño, en lugar de la hora que cabría esperar. En los días posteriores al cambio de hora de verano, notamos una tendencia que muestra que las personas se acuestan y se despiertan cinco minutos más tarde de lo habitual. Aunque cinco minutos no suponen una diferencia significativa, al observar que esta tendencia es generalizada, merece la pena examinarla. Es probable que las personas tengan dificultades para conciliar el sueño después del cambio de hora. De manera similar al efecto del jet lag, el cuerpo tarda unos días en readaptarse al nuevo horario. Si normalmente te acuestas a las 23:00 h, sentirás que son las 22:00 h, lo que podría ser demasiado temprano y provocar que pases minutos extra intentando dormirte. ¿Te ves echando una cabezada al día siguiente del cambio de hora de verano? Como sientes que es una hora antes, a nuestro cuerpo a menudo le cuesta más levantarse por la mañana. ¡No te preocupes! Nuestros datos muestran que el efecto parece durar solo una semana. La semana siguiente al cambio de hora de verano, los horarios de sueño y vigilia vuelven a sus niveles normales.