Datos: ¿Fue 2020 un desastre total?

Data: Was 2020 a Dumpster Fire?

Analizamos en detalle cómo evolucionaron los indicadores de salud en todo el mundo en 2020 frente a 2019. Sigue leyendo para conocer todos los datos.

Puede que la expresión «resumen del año» te haga suspirar y salir corriendo para dejar atrás uno de los periodos más difíciles para la salud de las últimas décadas. Sin embargo, como descubrimos en nuestro estudio de datos sobre la COVID-19 realizado en mayo, no todo fue negativo durante la pandemia: observamos tendencias hacia dormir más, evitar un aumento drástico de peso y reducir la frecuencia cardíaca durante el sueño. Pero, a medida que la pandemia avanzaba con altibajos por todo el mundo, ¿se mantuvieron esas tendencias o cambiaron al cabo de mucho más tiempo? Desde luego, tenemos ganas de que acabe el año, como demuestra la gran variedad de adornos navideños a la venta que representan a 2020 como un contenedor en llamas. ¿Damos 2020 por perdido? Sigue leyendo para descubrir unos resultados que a veces sorprenden.

2020: intentamos pasarlo durmiendo

La gente no solo no durmió menos durante el año, sino que durmió más. En 2020, se durmió una media de 8 minutos y 34 segundos más por noche que en 2019. El Reino Unido registró el mayor aumento: una media de 11 minutos y 40 segundos más por noche que el año anterior.

¿Por qué aumentó el tiempo de sueño? La drástica caída de la actividad nocturna en lugares como el Reino Unido y el enorme descenso de clientes en los restaurantes de Estados Unidos (con pérdidas de 240 000 millones de dólares), sumados a los toques de queda obligatorios en todo el mundo, probablemente hicieron que la gente durmiera más. El auge del teletrabajo fue otro factor: permitió a muchos empleados de oficina evitar los desplazamientos y, posiblemente, dormir más. ¿Una excepción interesante? La noche electoral del 3 de noviembre. Aunque los resultados oficiales de las elecciones presidenciales no se anunciaron hasta el día 7, aquella noche la gente durmió menos en Estados Unidos y otros países. En Estados Unidos, la pérdida fue de casi 25 minutos: se durmió una media de 6 horas y 53 minutos, frente a las 7 horas y 18 minutos habituales. Además de aumentar el tiempo de sueño, parece que su calidad mejoró en distintos países. Como se muestra a continuación, en 2020 aumentaron las puntuaciones de sueño altas, mientras que disminuyeron las medias y bajas respecto a 2019.

Las puntuaciones posibles se clasifican en altas (75 o más), medias (entre 50 y 75) y bajas (49 o menos). La puntuación de sueño se calcula a partir de cuatro factores:

  1. Duración (tiempo total de sueño)
  2. Regularidad (constancia en la hora de acostarse y de despertarse)
  3. Profundidad (parte de la noche transcurrida en fases reparadoras y de sueño profundo)
  4. Interrupciones (tiempo que se pasa despierto)

Además de dormir más tiempo, ¿qué podría explicar la mejora de las puntuaciones de sueño? Una posible causa es la reducción del ruido asociado al ocio nocturno en las ciudades. Otra podría ser un menor desfase horario social: al socializar y salir menos hasta altas horas de la noche, los horarios de sueño se acercaron más a los de los días laborables. Sin fiestas en casa ni, en general, otros espacios para reunirse más allá de la pantalla de siempre, es posible que la gente mantuviera horarios de sueño más regulares durante toda la semana. Dormir más y obtener mejores puntuaciones de sueño son buenas noticias, pero ¿cómo afectó a la salud todo lo demás que ocurrió en el mundo? Analizamos la frecuencia cardíaca durante el sueño. Una frecuencia cardíaca más baja al dormir es un signo de buena salud, porque indica que el corazón no necesita esforzarse tanto para bombear sangre. ¿Qué dicen los datos? De nuevo encontramos una diferencia positiva entre 2020 y 2019: la frecuencia cardíaca durante el sueño fue, de media, 0,54 latidos por minuto (lpm) más baja en 2020. Sin embargo, no todos los países registraron los mismos descensos. Canadá destacó con una reducción de 2,56 lpm, mientras que solo dos países registraron aumentos: el Reino Unido, con 0,15 lpm, y Suiza, con 0,58 lpm.

Creemos que muchos de los factores mencionados, como las órdenes de permanecer en casa, la menor actividad nocturna y el menor consumo de alcohol, y la reducción del estrés de los desplazamientos al trabajo, han influido en la frecuencia cardíaca.

Bajamos el ritmo

Las cuarentenas tuvieron un enorme impacto en nuestros hábitos de caminar: en 2020 se dieron, de media mundial, un 10 % menos de pasos al día que en 2019, es decir, 511 pasos menos. Además de las órdenes de permanecer en casa impuestas en muchos países, esta reducción puede atribuirse a los menores desplazamientos al trabajo y a la ausencia de los trayectos a pie que normalmente hacemos durante la jornada laboral. En lugares como Estados Unidos, casi el doble de empleados trabajan desde casa que en su lugar de trabajo. Dejar de caminar hasta la estación de tren o la parada de autobús, hacer transbordos y repetir el trayecto al final del día podría explicar en parte la disminución mundial de pasos. Sin embargo, Suecia, un país conocido por haber adoptado pocas medidas restrictivas en comparación con sus vecinos, registró una de las menores caídas de actividad: una media de solo 87 pasos diarios menos que en 2019. El número de pasos es una forma de medir la actividad en general, pero ¿qué ocurrió con los entrenamientos?

Hacer ejercicio en interiores fue difícil para muchas personas porque los gimnasios estaban cerrados o funcionaban con aforo reducido. Además, en varios países estaba prohibido salir de casa salvo por necesidad. La práctica del running cayó un 1,75 % de media mundial, mientras que la natación se desplomó casi un 30 %. Sin embargo, no todos los entrenamientos se vieron afectados por igual. El ciclismo aumentó un 8 % a escala mundial, quizá porque muchos países ampliaron el número de carriles bici en las grandes ciudades: desplazarse en bicicleta al trabajo o por la ciudad, al aire libre, podía parecer más seguro que compartir un tren con otros pasajeros.

Espera a conocer estos datos sobre el peso…

Algunas actividades aumentaron y ciertos entrenamientos disminuyeron, pero ¿cómo afectó al peso la combinación de todo ello con el sueño, las cuarentenas y los demás factores? ¿Fue 2020 realmente un año desastroso para nuestro peso, ya lo midamos en kilos o en libras? Ya tenemos los datos: a escala mundial, la pérdida media de peso en 2020 fue 0,14 kg mayor que en 2019. Las buenas noticias continúan: la pérdida media mundial de masa grasa fue 0,15 kg mayor en 2020 que en 2019. Puede que estas cifras parezcan contrarias a lo esperable, dados el enorme estrés, el desánimo y el tiempo que muchas personas pasaron cerca de la nevera. Pero, si tenemos en cuenta muchos de los factores ya comentados, esta tendencia general a no ganar peso cobra sentido. Dormir más y sufrir menos desfase horario social, como hemos explicado, puede favorecer una mayor pérdida de peso. Y, aunque muchos restaurantes y cafeterías recibieron menos clientes, más personas comieron en casa, lo que supone menos calorías, sal y grasas saturadas, además de elecciones alimentarias más saludables. El peso general no muestra una tendencia al alza, pero el año de la pandemia nos ha pasado factura emocional y mental. ¿Cómo ha afectado esto a nuestros objetivos personales de pérdida de peso? ¿Perdimos toda esperanza y nos dedicamos a ver series y picar entre horas, o este desafío colectivo nos impulsó a actuar? En 2020, el 46 % de los usuarios que querían perder al menos un kilo (2,2 libras) consiguió adelgazar, al igual que el 18 % de quienes se habían propuesto perder más de 5 kg (11 libras). En 2019, esas cifras fueron del 41 % y el 16 %, respectivamente, lo que demuestra que 2020 fue un año mejor que 2019 para cumplir los objetivos de pérdida de peso.

¿Se dispararon las mediciones de temperatura?

La actividad, el sueño y el peso se vieron afectados en todo el mundo durante 2020. Pero ¿llevó la pandemia a más personas a tomarse la temperatura? Tener fiebre, como ocurre con la gripe, es uno de los posibles indicios de COVID-19. Entonces, ¿se tomó la gente la temperatura más veces en 2020 que en 2019? En el gráfico siguiente, los datos de 2019 dibujan una curva en forma de U que refleja la frecuencia habitual de las mediciones: por lo general, se realizan menos en verano que en otoño e invierno, cuando llega la temporada de gripe. Sin embargo, en marzo de 2020, durante el primer pico de COVID-19 en Europa y Estados Unidos, el número de mediciones de temperatura aumentó bruscamente.

Al acercarse el verano vuelve a aparecer una curva en forma de U, aunque sin la evolución gradual y uniforme observada en 2019. Incluso en mayo, el mes con menos mediciones de temperatura durante la pandemia de COVID-19, el número de mediciones se mantuvo muy por encima de los máximos de 2019. En septiembre y los meses posteriores de 2020, siguió cerca de los niveles de marzo. Aunque algunas personas infectadas por COVID19 pueden no presentar síntomas, cada vez más empresas, centros de trabajo y escuelas han utilizado la medición de temperatura para decidir si alguien puede entrar en un edificio. También han aumentado las mediciones en casa para detectar posibles síntomas de COVID-19. Incluso después de la pandemia, tomarse la temperatura podría convertirse en una medida más habitual en las instituciones.

Conclusión

¿Fue 2020 un año desastroso? En muchos sentidos, sí. Pero, en lo que respecta a la salud más allá de quienes sufrieron directamente la COVID-19, los datos sugieren que el año se pareció más a unas brasas que arden lentamente: había problemas, pero no todo estaba fuera de control. De hecho, se observaron tendencias positivas en el sueño y el peso que pueden atribuirse a comer más en casa (y de forma más saludable), tener más tiempo para dormir gracias a la reducción de los desplazamientos al trabajo y sufrir menos desfase horario social al salir menos hasta tarde. Sin embargo, la actividad general disminuyó, ciertos entrenamientos cayeron a mínimos y se tomaron más temperaturas que nunca. Aun así, por muchos motivos, entre ellos el aislamiento social, la pérdida de empleos y las muertes por COVID-19, 2020 se sintió sin duda como un año desastroso. Todo ello nos provocó miedo, rabia, incertidumbre y tristeza. Los datos no pueden pintar de color de rosa un año que puso de manifiesto enormes desigualdades entre grupos de población en algunos países y, en otros, una falta de conocimientos compartidos sobre salud pública. Pero, entre tanto desconcierto y decepción, podemos encontrar cierto consuelo en los datos de salud de millones de personas: indican que quizá no nos fue tan mal como pensamos. De hecho, si actuamos a partir de esos datos, podríamos mejorar la salud de la población con políticas que fomenten dormir mejor, comer de forma más saludable y mantener un peso más adecuado.

Metodología

Withings realizó este estudio a partir de datos anónimos y agregados de un conjunto de 5 millones de usuarios de básculas inteligentes, relojes inteligentes híbridos y termómetros inteligentes Withings de todo el mundo. Withings garantiza la confidencialidad de los datos personales y protege la privacidad de todos sus usuarios. Por ello, todos los datos utilizados en el estudio se anonimizaron y agregaron rigurosamente para evitar cualquier reidentificación.