El hambre: la última frontera del que hace dieta. A pesar de toda tu fuerza de voluntad, tu deseo de mejorar y tu dedicación para combatir los kilos de más, el hambre sigue ahí. Cuando tienes hambre, nada más parece importar, y tener hambre constantemente puede hacer descarrilar incluso la voluntad más férrea.
Entender por qué siempre tienes hambre puede ayudarte a combatir el hambre excesiva y encaminarte hacia una alimentación más saludable y moderada.
1. Alcohol
Tu copa de vino o cerveza en la cena podría estar contribuyendo a tu sensación de hambre. Las investigaciones han demostrado que el consumo de alcohol puede aumentar la presencia de la hormona grelina, que desencadena la sensación de hambre. Además de comer más mientras se bebe, el aumento de la sensación de hambre puede prolongarse en las comidas posteriores.
2. Comer deprisa y tiempo de pantalla
Aunque comer deprisa entre reunión y reunión o sobre la marcha puede ahorrar tiempo, puede ser contraproducente a largo plazo. Cuando comes rápido, la hormona que el estómago envía para indicarle al cuerpo que estás lleno no tiene tiempo de activarse, por lo que nunca llegas a sentirte saciado. Del mismo modo, comer distraído frente al televisor también hace que tu atención se desvíe de la comida y de las señales de saciedad. Es fácil devorar tentempiés —a menudo muy procesados o calóricos— sin darse cuenta de que ya estás satisfecho hasta que llegas a sentirte demasiado lleno. Diversos estudios han demostrado que las personas que mastican durante más tiempo se sienten saciadas por más tiempo, mientras que quienes ven más de dos horas de televisión al día tienen más probabilidades de tener sobrepeso.
3. Privación de sueño
En la sociedad actual, tan acelerada, es habitual que las personas duerman tan solo cuatro o cinco horas por noche. Cuando el cuerpo no ha descansado lo suficiente, le resulta más difícil producir la hormona leptina, responsable de que el organismo se sienta saciado. La privación de sueño también provoca un aumento en la producción de la hormona grelina, que estimula el apetito. Además, la falta de sueño activa la parte del cerebro responsable de reconocer la comida como fuente de placer.
4. Presión social
Tomar decisiones saludables es infinitamente más difícil cuando estás en un grupo numeroso. Cuando amigos y familiares se dan el gusto de comer platos poco saludables o postres en la cena, no siempre es fácil decir que no. Evitar las opciones poco saludables resulta especialmente difícil cuando estás saliendo con alguien o te encuentras en nuevas situaciones sociales en las que el deseo de encajar es más intenso. ¡Intenta no dejar que estas presiones te desvíen de tu objetivo: una versión más sana de ti mismo te hará más feliz a largo plazo!
5. Saltarse el desayuno
Muchas personas se saltan el desayuno para ahorrar tiempo por la mañana. Saltarse el desayuno tiene muchas consecuencias negativas, como ralentizar el metabolismo, provocar sensación de hambre y estimular al organismo a almacenar grasa en lugar de quemarla. Las personas que no desayunan tienen casi cinco veces más probabilidades de sufrir obesidad que quienes sí lo hacen.
6. Estrés
Muchas personas recurren a la comida como mecanismo de afrontamiento, comiendo para lidiar con emociones estresantes o negativas. Esto puede dar lugar a un ciclo de alimentación poco saludable. Comer por estrés no reduce las emociones negativas ni las ansiedades, sino que desencadena la necesidad de comer más y conduce al aumento de peso y a mayores niveles de ansiedad.
7. Refrescos light
Presentados en su día como una alternativa saludable a las bebidas azucaradas, los refrescos light tienen un impacto negativo en el apetito y en la salud en general. Los edulcorantes pueden alterar la capacidad del organismo para sentirse saciado y desencadenar sensaciones de hambre. Cuando percibe algo dulce, nuestro cuerpo espera que vengan azúcar y calorías. Cuando esto no ocurre, el cerebro se confunde y debe adaptarse a un nuevo proceso.
8. Deshidratación
Con frecuencia, lo que las personas perciben como hambre es en realidad sed. Esto es especialmente cierto en personas con deshidratación crónica. De hecho, muchos síntomas que se asocian al hambre —irritabilidad, falta de energía, sensación de debilidad— pueden atribuirse a la deshidratación.
9. Consumo de alimentos procesados
Los alimentos procesados suelen ser ricos en calorías y pobres en nutrientes. Por eso, el cuerpo sigue demandando sustento. Además, los alimentos procesados suelen contener aditivos y sustancias químicas que pueden generar adicción. Algunas investigaciones han demostrado que el jarabe de maíz de alta fructosa, un ingrediente principal en muchos alimentos procesados, puede ralentizar la producción de la hormona leptina, que le indica al cerebro que estás saciado.
10. Chicle
Mascar chicle, incluso sin azúcar, puede aumentar la sensación de hambre. Al masticar chicle, la saliva que se produce se traga y llega al estómago. El cuerpo busca entonces alimento para acompañarla, lo que puede aumentar la sensación de hambre. Con esto en mente, ¡por fin puedes decirle adiós a ese molesto hambre crónica!***¿Necesitas información y control? Descubre tres básculas inteligentes de referencia de Withings.