La preeclampsia es una complicación grave del embarazo que a menudo aparece sin síntomas o con síntomas tan leves y graduales que la futura madre puede considerarlos normales. Los primeros signos son una tensión arterial alta acompañada de un exceso de proteínas en la orina. Nuestra redactora desarrolló una forma grave de preeclampsia llamada síndrome HELLP al ponerse de parto de su primer hijo. No supo lo que estaba ocurriendo hasta que ella y el bebé estuvieron a salvo y empezaron a conocerse en la maternidad. Sigue leyendo para conocer su experiencia con la preeclampsia, la importancia de las revisiones prenatales periódicas y cómo el control de la tensión arterial en casa puede ayudar a las personas con alto riesgo a detectar la enfermedad ante sus primeros signos.
«Una de las cosas que más asustan de la preeclampsia es que, como resulta tan difícil determinar su causa, no hay realmente una forma de prevenirla. Lo mejor es vigilarla de cerca y detectarla lo antes posible. Por eso son tan importantes las revisiones prenatales periódicas y prestar atención a los propios síntomas.» —Sidney Dritz, miembro del equipo de Ovia, una aplicación sobre fertilidad, embarazo y desarrollo del bebé.
Sin señales de alerta
Mi primer embarazo transcurrió, por suerte, con toda normalidad. Comía de forma saludable, me mantenía activa y llegaba pronto a todas las revisiones prenatales. Mi tensión arterial se mantuvo dentro de los valores normales durante todo el embarazo. Entonces me puse de parto, fui al hospital y descubrieron que mi tensión se había disparado. Cuando recuerdo aquel día, siempre nos veo a mi marido y a mí conduciendo por calles tranquilas en la oscuridad de la madrugada, nerviosos e ilusionados por el inminente nacimiento, sin sospechar que algo iba terriblemente mal.
El médico y las enfermeras querían que me concentrara en dar a luz, que es la única forma de resolver la preeclampsia, así que no me dieron muchos detalles, aparte de decirme que tenía «la tensión más alta de lo que nos gustaría». Estaba convencida de que tenía al mejor obstetra del mundo, porque entraba en mi habitación cada diez minutos desde el principio, a diferencia de lo que había oído sobre médicos que solo llegan cuando toca empujar. Hasta más tarde no comprendí el motivo de su presencia casi constante. Mi marido sabía lo que ocurría y estaba aterrorizado, pero puso su mejor cara de «todo va bien» y me daba trocitos de hielo como un campeón.
Me administraron sulfato de magnesio para prevenir las convulsiones que pueden producirse con el síndrome HELLP y cuando la preeclampsia evoluciona a eclampsia. Tras un período de observación mientras avanzaba el parto, di a luz a un bebé sano. Lo abrazamos, pero la medicación me tenía aturdida: apenas podía concentrarme y estaba agotada. Dormí mucho y recuerdo que tenía muchísimo calor, un efecto secundario del sulfato de magnesio. Mis síntomas remitieron después del parto y fui saliendo poco a poco del aturdimiento. Entonces, por fin, pude mirar bien a mi hijo. Le dije: «Ah, hola. Eres precioso», y me enamoré de él. Por la preeclampsia, los primeros momentos, horas y días con él no fueron como los había imaginado. Pero eso no importaba: habíamos salido adelante.
Ya en casa, mientras me adaptaba a la maternidad, pasé una temporada leyendo todo lo que podía sobre la preeclampsia y el síndrome HELLP mientras mi hijo dormía la siesta. Me asustaba y desconcertaba que algo tan grave pudiera no haber dado síntomas. Pronto descubrí que todavía hay muchas incógnitas sobre la preeclampsia, incluida su causa exacta. Lo que sí se sabe es que conocer los factores de riesgo y vigilar de cerca la tensión arterial es fundamental para detectarla a tiempo.
Esto es lo que también se sabe sobre esta desconcertante afección:
- La preeclampsia afecta a entre el 2 y el 8 % de los embarazos en todo el mundo y es responsable de casi un tercio de los partos prematuros a escala mundial.
- Aunque muchas mujeres con preeclampsia se encuentran bien, algunas presentan síntomas como dolores de cabeza persistentes, visión borrosa o cambios en la visión, hinchazón de manos y cara, náuseas y vómitos, aumento rápido de peso, dolor en la parte superior derecha del abdomen, dificultad para respirar y disminución de la cantidad de orina. Todos ellos son motivos para acudir al médico.
- El riesgo de preeclampsia es mayor en el primer embarazo y en los embarazos múltiples. También aumenta si la mujer ha tenido preeclampsia en un embarazo anterior, tiene obesidad, padece hipertensión u otra enfermedad previa, es mayor de 35 años o tiene una madre, una tía o hermanas que han padecido preeclampsia. Si es posible, se aconseja a las mujeres que planean quedarse embarazadas que tomen medidas para perder peso y controlar la hipertensión antes del embarazo.
- El Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos, la Sociedad Europea de Hipertensión y la Sociedad Europea de Cardiología recomiendan controlar la tensión arterial en casa a las mujeres con un riesgo elevado de desarrollar preeclampsia o que ya padecen hipertensión al quedarse embarazadas. El control diario entre las visitas prenatales permite detectar un aumento repentino de la tensión y actuar de inmediato, lo que reduce el riesgo de complicaciones.
- Aunque se desconoce la causa, se cree que la preeclampsia se debe a problemas en el desarrollo de la placenta, concretamente de los vasos sanguíneos que le suministran sangre. Se piensa que el daño en la placenta provoca alteraciones en los vasos sanguíneos de la madre y causa hipertensión. Sin tratamiento, la preeclampsia puede evolucionar a eclampsia, que se caracteriza por convulsiones y supone un grave peligro para la madre y el bebé.
- La preeclampsia suele aparecer en la segunda mitad del embarazo, después de la semana 20 de gestación. Si se presenta cerca del término, puede programarse un parto prematuro o una cesárea para evitar complicaciones. Sin embargo, a menudo aparece antes de que el bebé esté listo para nacer. En esos casos, el tratamiento se centra en darle tiempo para desarrollarse sin descuidar la salud de la madre.
- En los casos moderados, es necesario controlar de cerca la tensión arterial en casa y acudir con frecuencia al médico para realizarse análisis de sangre y ecografías que permitan detectar posibles complicaciones.
- Las mujeres con una tensión arterial peligrosamente alta pueden necesitar medicamentos antihipertensivos para reducirla. En los casos graves, puede recetarse sulfato de magnesio para prevenir las convulsiones. También puede ser necesario ingresar en el hospital para vigilar de cerca el estado de la madre y el bebé. Antes se recomendaba habitualmente reposo absoluto en cama para la preeclampsia, pero ahora se desaconseja por el mayor riesgo de formación de coágulos sanguíneos.
La afección que padecí es una forma poco frecuente de preeclampsia que se presenta en aproximadamente el 15 % de las mujeres con preeclampsia grave. Se trata de una urgencia médica en la que los glóbulos rojos empiezan a descomponerse, aumentan las enzimas hepáticas y disminuye el número de plaquetas. Tras el diagnóstico, es necesario adelantar el parto lo antes posible para evitar complicaciones graves y el riesgo de muerte tanto para la madre como para el bebé. Cuando me quedé embarazada de nuestro segundo hijo, me controlaron muy de cerca la tensión arterial y prácticamente vivía en la consulta del médico. Me indujeron el parto una semana antes de la fecha prevista, por si el síndrome HELLP decidía reaparecer. Nuestro segundo hijo llegó sano y precioso, y me llenó de alegría poder estar despierta y plenamente consciente al conocerlo. Como no teníamos planes de buscar un tercer embarazo, pensé que la preeclampsia había quedado atrás. Pero resulta que seguirá formando parte de mi vida: las mujeres que la han padecido tienen un mayor riesgo de sufrir un infarto o un ictus en el futuro. Si has tenido preeclampsia, es fundamental que se lo comuniques a tu médico, sigas una alimentación saludable, hagas ejercicio regularmente y controles de cerca tu tensión arterial. Ese es mi plan para disfrutar de tantos días preciosos con mi familia como sea posible.
***Fuentes:NYTimesNHSMayoClinic Universidad de Columbia