Rápido como un rayo y físicamente exigente, el squash —el deporte, no la calabaza— es duro, pero muy gratificante. Sigue leyendo para descubrir por qué.
Aunque no ha alcanzado la misma popularidad que el tenis o el bádminton, el squash es un deporte fantástico para quienes disfrutan manteniéndose en forma. Forbes lo clasificó como el deporte más saludable del mundo, y sus beneficios para la salud abarcan desde una mejor coordinación entre manos y ojos y una mayor agilidad hasta un aumento de la fuerza. Consulta nuestra guía para empezar a jugar al squash y descubre después algunas cosas que probablemente no sabías sobre este deporte.
¿Cómo se juega al squash?
¿No sabes jugar al squash? No te preocupes, es un juego sencillo. Básicamente, el objetivo es golpear la pelota contra la pared hasta que tu rival no pueda devolverla. Y… eso es casi todo. Si estás empezando a aprender, recuerda este consejo fundamental: haz que tu rival sea quien corra. Según los profesionales, quien ocupa el centro de la pista puede controlar mejor el ritmo del juego, dificultar que su rival tome la iniciativa y aumentar sus posibilidades de ganar. Y si te preguntas «¿Cuál es la diferencia entre el squash y el ráquetbol?», la respuesta es «Prácticamente todo»: desde el material hasta la distribución de la pista y las reglas. ¡Incluso se saca de forma distinta! ¿Quieres saber más? Echa un vistazo a estos estupendos consejos para principiantes.
¿Qué beneficios tiene el squash para la salud?
Ya hemos hablado un poco de esto, pero vamos a verlo más a fondo. Para empezar, el squash es una forma de quemar calorías que ha demostrado su eficacia. Según Livestrong.com, una persona que pesa 155 libras puede quemar 422 calorías en solo 30 minutos de squash intenso. Cuanto más peses, más calorías puedes llegar a quemar. Y eso no es todo: el squash también podría ayudarte a mantener a raya a la mismísima Parca. Sí, como lo oyes: según un estudio publicado en el British Journal of Sports Medicine, quienes practican deportes de raqueta pueden reducir su riesgo de muerte en un impresionante 47 %. Ahora que conoces un poco mejor este deporte y sus magníficos beneficios para la salud, veamos algunas curiosidades sobre él.
1. Un recién llegado al mundo del deporte
Golpear una pelota pequeña con una raqueta no es ninguna novedad: el juego francés «jeu de paume», creado en el siglo XII, es una especie de antepasado común de todos los deportes de raqueta posteriores. Sin embargo, la historia del squash se remonta a alrededor de 1830, cuando lo inventaron unos alumnos de la escuela Harrow, en Inglaterra. Con casi 200 años, el squash es un recién llegado en el mundo del deporte. La lucha se remonta a hace 15 300 años, mientras que la primera referencia a la carrera como deporte data del 776 a. C.
2. ¡La pelota va más rápido que… muchas cosas!
Los profesionales del squash golpean la pelota con fuerza. Muchísima fuerza. Para ser exactos, puede alcanzar los 176 mph. Esa velocidad, registrada por Cameron Pilley, es el récord mundial de velocidad de un golpe de squash. Supera el saque de tenis más rápido de la historia, de 163,7 mph. También supera con creces al guepardo, el animal terrestre más veloz, que alcanza unos 60 mph. Vale, vale, no llega a la velocidad del coche de carretera más rápido, pero no se queda corto. En definitiva, el squash es un juego a toda velocidad.
3. Un deporte con energía nuclear
Aunque el Proyecto Manhattan y el modesto juego del squash parezcan mundos aparte, existe una relación bastante sorprendente entre ambos. El primer reactor nuclear, construido en 1942 en plena Segunda Guerra Mundial, se instaló en una antigua pista de squash del campus de Hyde Park de la Universidad de Chicago. La pista ya no existe, pero donde antes estaban las gradas hoy hay una estatua de bronce que conmemora el papel de esta discreta instalación deportiva en una de las grandes innovaciones tecnológicas del siglo XX.
¿Te apetece probarlo? Hay muchos clubes de squash por todo Estados Unidos, ideales para quien quiera darle a la pelota y aprender a jugar.